Los mercados formales responden a las regulaciones que le imponen las autoridades de aplicación. Cuanto más libre sea su funcionamiento, más transparente será su operatoria y menores las posibilidades de que surjan mercados marginales que actúen en las sombras.
Así por ejemplo, el Banco Central tiene bajo su órbita todo lo que ocurre en el sistema bancario y en el cambiario, en tanto que la Comisión Nacional de Valores monitorea el acontecer del ámbito bursátil.
Pero cuando se establecen limitaciones o se intenta reprimir su funcionamiento, inexorablemente surgen circuitos alternativos que fijan sus propias reglas, que responden al juego de la oferta y la demanda. Tal es el caso del mercado ““.
Quienes hasta no hace mucho tiempo recurrían a éste lo hacían por diversas razones, entre las que se priorizaba la necesidad de “no figurar”.
Si bien durante mucho tiempo se mantuvo activo, aunque con un volumen de transacciones muy acotado -apenas el 3% del total negociado-, con las últimas disposiciones tomó gran trascendencia.
Y el peligro radica en su poder para fijar el precio de la divisa estadounidense, a un valor más alto que el dólar oficial, como referencia para el resto de las actividades económicas.
Es por ello que, desde el Gobierno, se lanzó una verdadera cruzada para intervenirlo y tratar de fijar un valor de referencia, acorde a sus propias necesidades.
Muerto el ““, viva el “”
A lo largo de la historia de las monarquías, la frase “muerto el rey, viva el rey” venía a significar que, más allá de las circunstancias, la vida sigue su rumbo.
Es decir, que si caía el “mandamás” no iba a tardar en llegar alguien que ocupe su lugar y a quien rendirle pleitesías.
En el caso del circuito cambiario, los operadores y analistas parafrasean este viejo dicho.
Y descuentan que -pese a los controles vigentes- más temprano que tarde surgirá un nuevo mercado al que convergerán compradores y vendedores.
En este sentido, el operador de una reconocida agencia de cambios del microcentro porteño compartía el razonamiento con este medio: ”Si un particular, por alguna razón, necesitavender dólares que ya tiene ahorrados, lo más probable es que no vaya a una casa de cambios o a su banco de confianza y se conforme con la cotización oficial. Porque sabe que los puede vender más caros, ya que habrá gente dispuesta a pagar un plus por ellos”.
En su visión, la formación de este circuito de potenciales vendedores y “ansiosos” compradores es sólo cuestión de tiempo.
Según Jorge Todesca, director de Finsoport, “es muy dudoso que solamente una estrategia defensiva sirva para corregir los desequilibrios que generaron esta situación”.
“Los mecanismos de control son efectivos por un tiempo, pero luego van surgiendo filtraciones. Sin dudas el blue es una de ellas. Es evidente que el mercado marginal se terminará armando con el tiempo”, concluyó Todesca.
“Cuanto más cerrado esté el grifo de la compra de dólares para la gente, más chance hay de que la demanda se canalice hacia el mercado informal y empiece a cobrar más relevancia el
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